No te avergüences de tu belleza natural

En el anterior artículo hablábamos de los cánones de belleza y de cómo han variado a lo largo del tiempo. Hicimos hincapié en que todos tenemos una belleza sin límites que debemos explotar.

El hecho de continuar en este punto, el cual no tratamos en demasiada profundidad antes, es que si hay un canon de belleza es porque hay una «vara de medir» subjetiva pero generalizada por parte de la sociedad. Esto se traduce en que hay gente dentro de este canon y gente fuera. Si no fuera así, no se hablaría de cánones ni existirían los complejos físicos. Puedes aprender a librarte de ellos clicando aquí.

Entonces, empezando por el principio, vamos a reflexionar sobre cómo se crea un canon, o al menos, cómo se ha creado el actual. Pues bien, lo que mueve el mundo es el dinero y éste se mueve a través de los mercados. Cuanto más común sea el mercado más fácil es la manera de vendernos los productos y esto a su vez se consigue a través del marketing.

Los buenos trabajadores en marketing consiguen generar una necesidad en el consumidor o intensificar una que ya tuviéramos. En el caso de la belleza estamos hablando de que hoy en día es importante ser moreno, tener un pelo largo y liso, llevar la última moda y estar en buena forma. Todo esto nos lo han metido en vena a través de un bombardeo constante de publicidad en diferentes medios: televisión, móvil, internet, ect.

A esto se le suma el hecho instintivo del ser humano se saberse identificado con un grupo puesto que somos seres sociales. El grupo es importante y señalar al distinto hace que nos reafirmemos en la pertenencia al mismo. En última instancia, esto provoca que la gente que no haya sido aceptada haga lo que sea por conseguir la meta de ingresar como un miembro de pleno derecho y el hecho de no conseguirlo, la frustración que provoca, es el triste complejo.

El ejemplo que vamos a tratar es el de la gente que tiene un pelo natural muy rizado, indomable, que crece hacia arriba y toma forma de esfera: el pelo afro. Lo más curioso, es que a pesar de que multitud de gente lo tiene, no está bien visto o, al menos, no se considera elegante ni apropiado para multitud de situaciones en las que una persona se va a ver envuelta a lo largo de su vida como por ejemplo en el colegio o en el trabajo. Además, esto le pasa tanto a la gente corriente como a los famosos e incluso gente con cargos con bastante poder. Es el caso de Michelle Obama que durante el tiempo que ocupó el cargo de primera dama no podía permitirse el lujo de dejar su pelo al libre albedrío en eventos de cara al público y tuvo que esperar a terminar su vida política para ser ella misma. Podéis leer más sobre este caso en este artículo.

Cada día más, madres de todo el mundo apoyan a sus hijas a dejar su pelo afro sano crecer y sentirse orgullosas de ello para que no tengan que pasar por los estigmas que ellas sufrieron durante sus años de juventud o durante su etapa laboral. Hay casos documentados de madres que dejaron de ellas mismas alisarse su cabello para dar ejemplo a su hija como éste artículo tan interesante. Y todo ello, a pesar de que el mercado de las planchas de pelo sea tan extenso y se hayan fabricado modelos especiales para alisados de cabellos frondosos como los que puedes encontrar en esta web.

La belleza sin límites está en todos nosotros

Hoy en día más que nunca cuesta saber que la belleza está dentro de nosotros. Cada cosa es bella por el mero hecho de existir, de tener un propósito. Esto hay que saber explotarlo y no dudar de uno mismo. Además, cada uno encuentra algo bonito de una manera distinta que otra persona. Es decir, es una cualidad subjetiva. No se puede cuantificar del 1 al 10 ni medir con una reglar por tanto, ¿merece la pena preocuparse por ello? Esto es lo que se llama canon de belleza y en este artículo vamos a centrarnos en el canon de belleza femenino.

A todo esto y por si fuera poco, los cánones de belleza van cambiando según la época de la historia donde te encuentres, la situación geográfica y la cultura entre otros factores. Esto se explica muy bien en este artículo de La Razón. Por ejemplo, en el siglo XVII lo que se suponía como bello eran las mujeres entradas en carnes, con piel blanca, cabellos claros y sin síntomas de haber trabajado en su vida. Esto se consideraba de clase alta, de buena vida, se deseaba. Era la referencia para las gentes de aquella época y el pintor Rubens lo plasmó de una manera muy clara.

En otras épocas más primitivas, de manera instintiva, se buscaban compañeras sexuales que parecieran más fértiles de cara a tener asegurada la descendencia. Por ello, las caderas anchas y los senos abundantes eran sinónimos de fertilidad y de hijos sanos y fuertes.

La cosa da un giro de 180 grados cuando entramos en el Renacimiento. Ahí se deseaban los cuerpos redondeados, manos y pies finitos y pechos pequeños. Esto nos los muestran las pinturas de la época. Se aprecian en ellas también rostros de tez blanca y mejillas sonrosadas, labios rojos, pelo rubio, largo y suave, ojos grandes y vivos y frentes despejadas. Una obra muy representativa de este modelo de cuerpo es La Venus o la Primavera de Boticcelli.

Cuando continuamos al Barroco parece que la situación da de nuevo una vuelta de tuerca. Lo que nos gustaba antes ahora nos parece feo. Lo que se consideraba bello no era otra cosa que caderas más anchas y cintura estrecha, brazos entrados en carnes y redondeados, piel blanca como la leche y pechos más abundantes y llamativos que son resaltados por prendas llamadas corsés que ceñían mucho la cintura y parte alta del cuerpo para elevar los pechos. También gustaba el cabello sano y fuerte. Peinados llamativos y que revelaran el estatus de la mujer que los portaba.

Vamos a terminar este post con la época victoriana para dejar un análisis detallado y profundo de los cánones de belleza de la época moderna para otra ocasión. Entonces, en esta época victoriana del siglo XIX, seguimos apostando por el corsé pero, sobre todo, para ceñir y resaltar las cinturas finas. Cuanto más finas mejor. Y a su vez resaltar el pecho de las mujeres. Este abuso de corsés ceñidos provocó desmayos e incluso la muerte a multitud de mujeres que apretó demasiado las cuerdas de su prenda para gustar a la sociedad en la que vivía. Los peinados que se llevaban eran sencillos pero bonitos. Pelo lisos, con coletas y limpios. Es realmente fácil conseguir un peinado de esta época, por ejemplo para una fiesta de disfraces temática. Solo necesitas un buen alisado con una plancha de pelo que te deje resultados duraderos y una coleta o lazo bonitos. Si estás interesado en ver las mejores planchas de pelo para una ocasión así, pincha aquí. El resto lo pone el disfraz.

Para concluir, como has visto, los cánones de belleza varían según la época en la que vivas así que no te preocupes. La historia te juzgará por lo que has hecho en vida y no por cómo fuiste.

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