La belleza sin límites está en todos nosotros

Hoy en día más que nunca cuesta saber que la belleza está dentro de nosotros. Cada cosa es bella por el mero hecho de existir, de tener un propósito. Esto hay que saber explotarlo y no dudar de uno mismo. Además, cada uno encuentra algo bonito de una manera distinta que otra persona. Es decir, es una cualidad subjetiva. No se puede cuantificar del 1 al 10 ni medir con una reglar por tanto, ¿merece la pena preocuparse por ello? Esto es lo que se llama canon de belleza y en este artículo vamos a centrarnos en el canon de belleza femenino.

A todo esto y por si fuera poco, los cánones de belleza van cambiando según la época de la historia donde te encuentres, la situación geográfica y la cultura entre otros factores. Esto se explica muy bien en este artículo de La Razón. Por ejemplo, en el siglo XVII lo que se suponía como bello eran las mujeres entradas en carnes, con piel blanca, cabellos claros y sin síntomas de haber trabajado en su vida. Esto se consideraba de clase alta, de buena vida, se deseaba. Era la referencia para las gentes de aquella época y el pintor Rubens lo plasmó de una manera muy clara.

En otras épocas más primitivas, de manera instintiva, se buscaban compañeras sexuales que parecieran más fértiles de cara a tener asegurada la descendencia. Por ello, las caderas anchas y los senos abundantes eran sinónimos de fertilidad y de hijos sanos y fuertes.

La cosa da un giro de 180 grados cuando entramos en el Renacimiento. Ahí se deseaban los cuerpos redondeados, manos y pies finitos y pechos pequeños. Esto nos los muestran las pinturas de la época. Se aprecian en ellas también rostros de tez blanca y mejillas sonrosadas, labios rojos, pelo rubio, largo y suave, ojos grandes y vivos y frentes despejadas. Una obra muy representativa de este modelo de cuerpo es La Venus o la Primavera de Boticcelli.

Cuando continuamos al Barroco parece que la situación da de nuevo una vuelta de tuerca. Lo que nos gustaba antes ahora nos parece feo. Lo que se consideraba bello no era otra cosa que caderas más anchas y cintura estrecha, brazos entrados en carnes y redondeados, piel blanca como la leche y pechos más abundantes y llamativos que son resaltados por prendas llamadas corsés que ceñían mucho la cintura y parte alta del cuerpo para elevar los pechos. También gustaba el cabello sano y fuerte. Peinados llamativos y que revelaran el estatus de la mujer que los portaba.

Vamos a terminar este post con la época victoriana para dejar un análisis detallado y profundo de los cánones de belleza de la época moderna para otra ocasión. Entonces, en esta época victoriana del siglo XIX, seguimos apostando por el corsé pero, sobre todo, para ceñir y resaltar las cinturas finas. Cuanto más finas mejor. Y a su vez resaltar el pecho de las mujeres. Este abuso de corsés ceñidos provocó desmayos e incluso la muerte a multitud de mujeres que apretó demasiado las cuerdas de su prenda para gustar a la sociedad en la que vivía. Los peinados que se llevaban eran sencillos pero bonitos. Pelo lisos, con coletas y limpios. Es realmente fácil conseguir un peinado de esta época, por ejemplo para una fiesta de disfraces temática. Solo necesitas un buen alisado con una plancha de pelo que te deje resultados duraderos y una coleta o lazo bonitos. Si estás interesado en ver las mejores planchas de pelo para una ocasión así, pincha aquí. El resto lo pone el disfraz.

Para concluir, como has visto, los cánones de belleza varían según la época en la que vivas así que no te preocupes. La historia te juzgará por lo que has hecho en vida y no por cómo fuiste.

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